9 de marzo de 2009

que tal tocayo Cova

Algunas noches paso a visitarme. Me encuentro casi siempre no queriendo dormir, con el quinqué apagado pero el alma en llamas.
Ave azul, ¿por qué estás volando tan agitada? ¡¿No sabes que puedes perecer confundida en el olvido?!
Así en el crimen se encuentra evidencia, así en tu pregunta hallarás mi respuesta -me dice. Es la oscuridad nocturna el más profundo de los azules, ahí donde la mirada carece de sentido. Por eso la libertad es esencialmente un vuelo noctívago, un olvido entre firmamento y sombra voraz, ahí donde no hay galope de alturas, colores o tamaños: las distancias son una, la existencia se empapa en simulteneidad contagiada, en movimiento estático, en clepsidra sedienta.
Es en ese momento que me vuelvo sin réplica alguna, con la tristeza atravezada en la garganta, pues escucho brotar agua en los relojes. Irremediablemente sé que todo aquello sólo puede caber en la poesía.

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