El Teatro Costumbrista: Barranca abajo
de Florencio Sánchez
Afirmaba Florencio Sánchez al hablar sobre Barranca abajo: "[...]quiero probar que cuando un hombre ya no tiene nada qué hacer en esta vida, puede un amigo, un pariente, no oponerse a su voluntad de suicidarse" (Cruz, 107). Pero eran principios del siglo XX, muy pronto para hablar de existencialismo: en Hispanoamérica, el teatro, como el resto de las artes, había dejado atrás el romanticismo; se volcaba primordialmente hacia un realismo casi unánime y, por lo tanto, reflejaba ese triunfo de lo nuevo sobre lo viejo a través de la crónica exacta de la realidad del hombre y su entorno. En medio de esta javascript:void(0)autenticidad desbocada, y como excepción según Gálvez, existiría la década dorada del teatro rioplatense (86-87). En el caso particular de Florencio Sánchez, la Generación uruguaya del 900, quienes insistirían en el gaucho superado por el medio social (Luzuriaga, Reve, 11; vol. II). Este gaucho que es desplazado por la oligarquía criolla, en ocasiones por la gran inmigración, por la inestabilidad social en general, aparecerá en Florencio Sánchez (con Barranca abajo y otros dramas) y otros cuantos autores. Será entonces que surgirá el término de teatro costumbrista, que Gálvez a su vez lo clasifica en rural y urbano, siendo el primer grupo donde quedaría finalmente clasificado el drama en objeto de estudio: Barranca abajo (87).
Este teatro costumbrista, en el que predomina el tono trágico, pareciera recordar el fatum de la tragedia griega, ese destino inexorable del cual los personajes parecen no poder escapar. “La mala suerte, como la sombra al árbol, siempre me acompaño” (Sánchez 31) le habla Zoilo al criollo que le ha arrebatado la tierra. Un poco después, en la última línea del primer acto, el mismo protagonista exclama “¡Qué le habré hecho a la suerte pa que me trate así!”(Sánchez 32). Don Zoilo Carabajal se convierte en el viejo Zoilo (Sánchez 44). Definitivamente el determinismo y la reacción del personaje frente a una situación límite (Gálvez 92) son características palpables Barranca abajo. “¿Yo qué les hago pa que me traten así?” pregunta Robustiana frente al acoso de su hermana y tía. (Sánchez, 33).
Robustiana es tal vez el último vínculo afectivo que le resta al viejo Zoilo con la vida misma. De virtud exagerada, la hija querida del gaucho contrasta con el vicio mentiroso del criollo Juan Luis, ambas características también del teatro realista según Gálvez (86). La primera, de carácter condescendiente, se dirige a sus interlocutoras abusivas: “Haré lo que ustedes quieran” (Sánchez 33). Por otra parte, el criollo simula bondad al hablarle al viejo Zoilo sobre la tierra que le ha quitado tras un juicio arbitrario: “[...]¿no nos hemos portado con bastante generosidad?¡Lo hemos dejado seguir viviendo en la estancia!
Frente al conflicto que genera el despojo material y espiritual en el protagonista, ciertamente el teatro de Sánchez resulta humanitario por la solidaridad de los autores con las clases humildes, y es en paralelo, según Gálvez, transigente y tolerante, pues no propone cambio, sino simplemente reconciliación (95). Parece hablar con empatía la voz de Sánchez a través de don Zoilo: “¿Sabe lo que debí hacer, sabe lo que debí hacer? Buscar a su padre, a los jueces, a los letrados; juntarlos a todos ustedes, ladrones, y coserles las tripas a puñaladas[...]” (Sánchez 31). Pero la reconciliación pareciera radicar más en la sumisión y aceptación, que en un posible pacto de los personajes, según Aniceto dice “¡Es una injusticia que los prendan sin motivo [refiriéndose a Zoilo].¡Pero qué le hemos de hacer!” (Sánchez 46). Aunque el desenlace más bien derrote la tesis de reconciliación al describir Sánchez en las acotaciones escénicas el suicidio del protagonista. Sin embargo, el valor sociológico que anuncia Gálvez es indiscutible (95).
La crítica de costumbres y el lenguaje regionalista son características que Gálvez anuncia también en el teatro realista-costumbrista (86). La Martiniana, personaje de corte extraño en Barranca abajo, tras la muerte de la hija querida (Robustina) por Zoilo, se dirige a la otra hija (Prudencia) : “¡La cama de la finadita!...¿Sabés que me dan ganas de pedirla pa mi Nicasia? La mesma que lo hago... Dicen que ese mal se pega... pero con echarle agua hirviendo y dejarla al sol... Ta en muy güen uso y es de las juertes.” (Sánchez 50)
A modo de conclusión y aludiendo a Gálvez nuevamente, es importante resaltar que el teatro costumbrista reconoce en el mestizo, y en el criollo (aumentando la paráfrasis), los valores auténticos del hombre hispanoamericano. El tono trágico determinista; las
reacciones condescendientes; los valores exagerados y vicios disimulados; el lenguaje y costumbres regionalistas; los escenarios campiranos, enmarcados por un determinismo y
una cierta exageración, delimitan claramente Barranca abajo dentro del marco del teatro costumbrista.
Bibliografía
Cruz, Jorge, (1966), Genio y figura de Florencio Sánchez, Buenos Aires, Editorial
Universitaria de Buenos Aires.
Gálvez Acero, Marina (1988), El teatro hipanoamericano, Madrid, Taurus.
Luzuriaga, Gerardo y Reeve, Richard, (1975), Los clásicos del teatro hispanoamericano II,
Antología, Ciudad de México, Fondo de Cultura Económica, 14-59.
Rojas, Santiago, (otoño de 1980), El criollo viejo en la trilogía rural de Florencio Sánchez:
Perspectivismo de un ocaso, Latin American Theatre Review, vol. XIV, núm. 1, pp.
5-13.
Sánchez Florencio (1905), Barranca abajo en Luzuriaga, Gerardo y Reeve, Richard,
(1975), Los clásicos del teatro hispanoamericano II, Antología, Ciudad de México,
Fondo de Cultura Económica, 14-59.
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