12 de marzo de 2009

Elementos característicos de las obras dramáticas en la tragedia “Las manos de Dios” de Carlos Solórzano

“Nacemos libres, pero los demás nos vuelven prisioneros” respondía Carlos Solórzano en una entrevista hace casi tres años, cuando su interlocutora le cuestionó acerca de la insistente problemática religiosa y espiritual en su obra dramática (Díaz Page, 74). Casualmente, durante el primer acto del drama “Las manos de Dios”, escrita por el mismo Solórzano hace más de cuarenta años, el personaje del Diablo bosqueja la misma frase frente a Beatriz, la protagonista. Esta frase funciona bien para dar una idea de que va el drama (Solórzano 317) y, en general, la obra dramática del autor.
Entrando en materia de análisis, precisamente dicho asunto de la libertad aprisionada, llevará a Solórzano escribir la anécdota del drama antes mencionado de manera lineal. Así, las causas que producirán el choque dramático se encuentran principalmente a lo largo del primer acto. Beatriz, la ya mencionada protagonista, busca desesperadamente una solución al problema central: liberar a su hermano. “Mi hermano no creyó que podría ir a la cárcel por hablar lo que pensaba” se lamenta frente al carcelero (Solórzano, 312). Gradualmente alimentada, -entre dicho guardia obstinado, un pueblo sordomudo, el cura sin respuestas prácticas, y el diablo progresista y perspicaz-, va creciendo en Beatriz la angustia y necesidad de consumar su empresa. Se produce entonces el choque dramático y la protagonista decide actuar según lo que parece su única salida: sobornar al carcelero con joyas a cambio de la libertad de su hermano. El Diablo es promotor y testigo: “Ahora sube al altar, alarga la mano, ahora está sacando las joyas de esas manos inmensas[...]” (Solórzano, 339). Sin embargo, el carcelero, una vez en posesión de las joyas, enajenado por comprar la libertad de una prostituta nunca satisfecha, incumplirá su palabra. Finalmente, el tercer acto aborda las consecuencias que trae el robo, incluida la sublimación de Beatriz. “Las mujeres, enloquecidas, se apoderan de Beatriz y violentamente la amarran al tronco de un árbol [...] el pueblo [...] la hiere con gran violencia [...]” (Solórzano, 356).

Siendo la anécdota y los caracteres elementos de un binomio indivisible (Alatorre, 23), se hablará ahora acerca del personaje de Beatriz. Al tratarse de un protagonista trasgresor que va en contra de la sociedad y cuestiona sus valores, se acentúa su importancia individual como generador de cambio, por lo tanto, y en terminología del análisis del drama, se estaría hablando de un caracter trágico (Alatorre, 41-42). Beatriz al carcelero: “No creo, sin embargo, que ésa sea una razón para estar más de un año en la cárcel” (Solórzano, 312). Es entonces, y de acuerdo con Alatorre, que se concluye que Solórzano, al plantear un personaje complejo, utilizó un tratamiento y un material ambos probables, es decir, que se desprenden del realismo, de la generalización de un personaje y un hecho que suceden “continuamente” a través del tiempo (Alatorre, 16-19).
Partiendo de lo anterior, el análisis es relativamente sencillo pues, para completar la unidad de género, resta únicamente afirmar que, por definición (Alatorre, 29), el lenguaje empleado en la tragedia “Las manos de Dios” es de corte realista. Aristóteles afirmaba en el cápitulo XXII de su “Poética”, que la elocución en la tragedia tiene dos cualidades: ser clara y estar por encima del lenguaje vulgar. Beatriz hablando al carcelero nos lo demuestra: “Me parece que la muerte, después de haber sido libres en esta tierra, debe ser una forma más de libertad, pero si hemos estado aquí prisioneros, la muerte ha de ser la cárcel definitiva” (Solórzano, 345).
La conjugación dialética de los elementos anteriormente expuestos (anécdota, caracteres, lenguaje) arroja, de nuevo por definición, una “atmósfera fascinante” (así llama Alatorre al tono) de corte trágico.
A través de la tragedia “Las manos de Dios”, ejemplificadas las características principales de la unidad de género (anécdota, carateres, lenguaje) y, establecida como trágica su interacción dialética (tono, y por lo tanto género), queda resuelto el objetivo inicial de éste ensayo.






Bibliografía

Alatorre, Claudia Cecilia, (1999), Análisis del drama, Ciudad de México, ed.
Escenología
Aristote, Poétique d’Aristote, Trad. Ch. Batteux, (1874), Paris, Imprimerie et librerie
classiques de Jules Delalain et fils.
Díaz Page, Helena, El teatro, uno de sus dos amores (Entrevista con Carlos Solórzano),
Revista de la Universidad de México, Agosto 2006: 70–75.
Solórzano, Carlos, (1964), El teatro hispanoamericano contemporáneo II, Ciudad de
México, Fondo de Cultura Económica.
Solórzano, Carlos, (1964), El teatro de la posguerra en México, Hispania XLVII, 695.

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