la vida comenzaba a renacer, pero llegó la muerte y se llevó al hermano de mi padre.
Oh Mort, vieux capitaine, il est temps! levons l'ancre!
Tres muertes cercanas durante mi expatriación voluntaria: es impersonal. ¿No es mi propio exilio un deceso más? Tres muertes en tres meses.
El abismo que separa mis vidas vuelve incomprensible lo que la voz de una le cuenta a la otra.
Retomar el gusto en Buendi, con los Jiménez, que parecen no estar al tanto de tantas cosas, que nos cuentan historias donde un queso gallego honra las tetas de una virgen en Santiago de Compostela.
Después Andrej J. y sus dos cuates en el círculo de b.a. Es tal vez de los últimos conciertos que ví en México antes de partir. Y ahora, como si nada hubiese pasado, retomamos la otra vida en Madrid, en otro concierto que tal vez es el mismo concierto, diferentes personajes, diferentes tiempos, pero la música, esa música sin edad.
Hay más tarde llamadas telefónicas, voces, llanto, silencio, consternación, sobre todo consternación. Mejor salir que rodar en la cama.
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Son las siete cincuenta y uno de la mañana, recién llego de Fuencarral. El problema de conseguir la victoria no es el camino que se ha seguido hasta ella, ni siquiera el tiempo invertido, sino más bien el vacío probable que se encuentra detrás, ese vacío que nos mira y nos pregunta ¿y ahora, a donde vais? es demasiado fácil ganar. Lo cabrón está en vencer la propia victoria.
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extraño la palabra fácil entre nosotros.
24 de noviembre de 2007
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