“Es mejor que bajemos a confundir su idioma, para que no se entiendan entre ellos.”
(Génesis , 11, 7)
Muro o ave rapaz, según su origen, refiere la semántica en azor . Un alto azor sería entonces una inmensa pared o un ave que vuela bien arriba en los cielos. En todo caso, ambas imágenes refieren a una elevación. Paradójicamente Altazor (1931) relata una caída. La paradoja termina cuando se comprende que el desplome que narra Huidobro está tejido en metafísica: el abismo se abre en el intento de saltar la tapia de la poesía hasta entonces escrita. “En literatura me gusta todo lo que es innovación” afirmaba el poeta chileno (Schopf). Así, la teoría del creacionismo se convirtió en vértebra para su empresa poética, y bajo dicha enseña dio a luz una siguiente renovación -tras modernismo- en la literatura de lengua castellana.
En el cenit de dicha transformación está, como ha de deducir el lector, Altazor. Con sus siete cantos, en palabras de Morales, representa “el salto mortal de la vanguardia y la belleza transparente”. Es ciertamente la narración de un viaje de búsqueda frente la visión de precariedad de la vida, pero también de la presunta decadencia poética en aquellos años. “Los verdaderos poemas son incendios” (Huidobro, Prefacio) y en Altazor, poema de fuego, se puede respirar el acalorado grito, a veces de angustia, otras de euforia, del “animal metafísico cargado de congojas” (Huidobro, I, 373). Ahí, en el lenguaje, está su aporte mayor a la poesía del siglo pasado, pero también en “la expresión, el tono, el temple y la constitución o anatomía del poema” (Morales). Es, por esta iniciativa de reforma, “un escritor de transición”(Lihn): ciertamente escribe en tiempos de crisis. Por esa misma razón, pueda Altazor recobrar “extrema actualidad”, a través de una nueva lectura que ilumine “nuestro anhelo de cambio” (Schopf).
No obstante, si se intenta hablar de la americanidad de la poesía de Huidobro, entonces sólo se encuentre que fue motor de cambio y nada más. Aunque Huidobro fuese conocido activista a lo largo de su vida, su literatura se aleja de los sucesos de la época y tiende más al “desarraigo”, con lo que se vuelve “traducible y universal” (Lihn). Además, de manera inexorable, el autor escribe “bajo el influjo del romanticismo, del simbolismo y del modernismo, como la mayoría de los poetas de la lengua castellana de esa época” (Morales). Esta repetida enajenación de los intelectuales hispanoamericanos por las corrientes de pensamiento y estética principalmente europeas, les llevaría ciertamente a despreciar a veces lo propio de América Hispánica. Se sabe que Huidobro pasó varios años de su vida en Europa, hecho que quizá lo llevara a pensar desde temprano argumentos como el que expresó a Juan Emar en una entrevista de 1925: “Los suramericanos [...] viven con años de años de retraso, meciéndose en dulce pereza intelectual”. Más adelante en la entrevista aseveraba que “sólo ha habido dos poetas: Edgar Poe y Rubén Darío”. Aunque Huidobro no haya ambicionado expresar el alma de la raza americana, quizá vale más quedarse entonces con la idea de que el poeta logró una desprovincialización -acogiéndose a la influencia francesa- del lenguaje poético latinoamericano (Lihn).
Pero más allá de averiguar chovinismos en su compleja experiencia poética, se deben señalar otros rasgos en Altazor. Para el ya citado Lihn, las ideas patentes en el poema huidobriano proceden de “distintos, antagónicos o irreconciliables campos ideológicos”, lo cual le lleva a calificar al autor con “personalidad babélica” y “conducta cultural incongruente”. Pregunta. ¿Acaso no es eso lo que Huidobro entendía por creacionismo? Es decir, jugar al Creador contradictorio: aquél que baja y confunde en cacofonía de lenguas, ideas, deseos, etc., a los hombres, aunque en su oído-que-lo-escucha-todo, aquel tohu bohu[1] converja en concierto polifónico. “Soy una orquesta trágica / un concepto trágico” (Huidobro, I, 338). Respuesta. “Os daré un poema lleno de corazón / “En el cual me despedazaré por todos lados” (Huidobro, I, 573). Schopf parece entendió mejor lo anterior cuando afirma que Altazor es “un mundo poético, paralelo e independiente del mundo real, [... con] imágenes [...] compuestas por elementos que, desde un punto de vista formal, se relacionan necesariamente y no de manera arbitraria”.
Confirmando lo expuesto anteriormente, Vicente Huidobro afirmaba en la entrevista antes referida con Juan Emar que “un poema [...] no puede existir más que en la cabeza del poeta [...] Es hermoso en sí y no admite términos de comparación. No puede concebirse fuera del libro [...] crea lo maravilloso y le da una vida propia”; y más adelante, “[un poema] crea fuera del mundo que existe el que debiera existir”. Creacionismo es, en gran y peligroso resumen, un idealismo renovado y plural.
“Manicura de la lengua es el poeta [...] /
Y todo lo que dice es por él inventado”
(Huidobro, III, 44)
El estado más puro de éste intento de creacionismo, Huidobro lo señala al inicio del quinto canto en Altazor: “aquí comienza el campo inexplorado [...] / Hay un espacio despoblado / Que es preciso poblar”. En efecto, comienza ahí un juego verbal en prácticamente toda dirección lingüística. La intensidad va en crescendo, siempre con “una cierta reversibilidad entre las palabras y las cosas” (Lihn), hasta concretar en el último canto, la ruptura de la estructura lingüística.
En perspectiva tenemos un viaje en siete cantos a través del lenguaje. Pudiera adjetivarse de circular por parecer volver a la génesis de la palabra, pero parece mejor sentarle lo extrapolado, debido a su tendencia hacia los límites, sean estos últimos los que el exegeta quiera. Lihn lo describe en otras palabras como un “poema babélico” que “se mueve en todas direcciones y el resultado es un laberinto verbal”. En cualquier caso, más allá de su particular retórica, convenga guardarlo como prueba fehaciente de un parte aguas en la lengua castellana durante su transcurso en el siglo XX.
Obras consultadas
HUIDOBRO, Vicente, Altazor, Alicante : Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2000 (http://www.cervantesvirtual.com), fecha de acceso: 1 de mayo de 2009[2]. Edición digital basada en la de Madrid, Compañía Iberoamericana de Publicaciones, 1931.
Nota: La integralidad de la obra crítica fue consultada a través del Sitio Web de la Universidad de Chile dedicado a Vicente Huidobro (http://www.vicentehuidobro.uchile.cl/), fecha de acceso: 1de mayo de 2009.
EMAR, Juan, Con Vicente Huidobro: Santiago, 1925.
LIHN, Enrique, El lugar de Huidobro (1970).
MORALES, Andrés, Breve esbozo para situar a Vicente Huidobro.
SCHOPF, Federico, Introducción a Vicente Huidobro.
[1] “Le Trésor de la Langue Francaise Informatisé” define el término como “Chaos originel, état initial de la terre. Le tohu bohu symbolise, à l'origine, une situation absolument anarchique” [Caos original, estado inicial de la tierra. El tohu bohu sumboliza, en el origen, una situación absolutamente anárquica].
[2] La consulta a sitios virtuales (de alta fiabilidad) se debió a los días de guarda declarados por el Gobierno del Distrito Federal en pro de la Emergencia Sanitaria en fechas recientes.
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