Durante la transición entre siglos XIX y XX, había quienes auguraban la “decadencia el noble oficio de rimar” (Darío, 2003). Pero habría un grupo de escritores hispanoamericanos, encabezados, entre otros, por Rubén Darío, que se dedicaría a renovar dicho arte. Su empresa tomaría dirección en contra del formalismo tradicional, así como la concepción de una moral y de una estética especiales, elementos que, en palabras del mismo Darío, habían “arraigado el españolismo” (2003). A dicha empresa se le llama Modernismo. Sería ésta la primera marea de influencia que se gestaba en América Hispánica para después cruzar hacia la península Ibérica. Como bien afirma Pacheco, se trataba del “afán de independencia cultural que siguiera a la autonomía política” (Pacheco, Introducción XII); de una respuesta a “la experiencia hostil, enceguecedora de la época de la gran industria”, agrega acertadamente el autor parafraseando a Walter Benjamin. Sin embargo, el mismo Darío, a quien se señala como génesis del movimiento, consideraba que su labor, más allá de escuelas, manifiestos y literatura, era resultado de la cotidianidad en la búsqueda de autenticidad y pureza del ser mismo, y tal vez, como él mismo lo afirmaba en Cantos de vida y esperanza, “si no cayó, fue porque Dios es bueno” (Darío 1905). Con mayor acierto, se podría afirmar que la renovación del autor nicaragüense nació, sí por autenticidad métrica y semántica, pero también como recapitulación de la poesía hecha hasta entonces en lengua castellana, así como resultado de las vanguardias anteriores desarrolladas primordialmente en Francia.
Cierto es que toda Hispanoamérica “sorbía de Francia el siglo XIX”: parnasianismo y simbolismo. Rubén Darío, en palabras del mismo Juan Ramón Jiménez, representaba justamente una “síntesis de toda esta novedad poética de Francia” (169). Sin embargo, era mayor su aprecio por España e Hispanoamérica, aunque el autor nicaragüense afirmara en repetidas ocasiones, como en su poema Melancolía, “soy como un ciego. Voy sin rumbo y ando a tientas” (1905). También hay críticos, como Brown, que afirman que “su efecto fue más el de liberar a los poetas españoles de antiguas inhibiciones que el de proporcionar un modelo que imitar” (Brown 112). Se olvidan, sin embargo, que Modernismo significaba más bien renovación general y sin dirección específica. Como tiene razón Juan Ramón Jiménez cuando, en sus Prosas críticas, afirma que “en realidad, todos los ismos posteriores, como los inmediatamente anteriores, representan el movimiento jeneral modernista” (159). Pero volviendo al caso particular de Darío, señalemos que los libros donde se reúnen sus principales poemas modernistas, son Prosas profanas y Cantos de vida y esperanza. Éste último, afirmaba el autor, “encierra las esencias y savias de mi otoño [...], esto no lo comprendieron muchos que [...] echaron de menos todo lo que en su tiempo sirvió para renovar el gusto y la forma y el vocabulario en nuestra poesía” (Darío, 2003). Se refiera probablemente a los que esperaban una segunda renovación. Sin embargo, siendo la obra posterior a las formas nuevas, se encuentran efectivamente ahí dentro, los rasgos estéticos del movimiento.
Efectivamente se pueden teorizar elementos distintivos del Modernismo, aunque el mismo Rubén Darío afirmara que “no se trata ya de asuntos de escuelas, de fórmulas, de clave”, y que se debiera entender el arte como “una armonía de caprichos” (Darío, 2003). Brown, por ejemplo, afirma en su Historia de la literatura española: el siglo XX, que dentro del movimiento rubendarista, “la misión del arte era proporcionar el sentido y la belleza de los que carecía la vida” (111). Darío parece confirmarlo en su poema Cyrano en España al afirmar que “el Arte es el glorioso vencedor. Es el Arte / el que vence el espacio y el tiempo [...]”(1905). Pacheco por su parte diría que el movimiento conjuga “la solitaria rebeldía romántica, la música de la palabra aprendida en los simbolistas y la precisión plástica tomada de los parnasianos” (Introducción XVIII).
“Proclamo, una estética acrática” reafirma en contrapunto Darío, para quien además era importante el “espectáculo multiforme de la Naturaleza” (2003) como se aprecia claro en su poema Helios. En el prólogo de Cantos de vida y esperanza el autor da otras pistas, pues asegura que en su libro ha “celebrado el heroísmo, las épocas bellas de la Historia, los poetas, los ensueños, las esperanzas” (Darío, 2003). Efectivamente se tienen poemas como Salutación a Leonardo, Al rey Óscar, Canto de esperanza, Salutación al optimista, Marcha triunfal, entre otros buenos ejemplos de lo anterior.
Asimismo, Darío se definió como “amador de la cultura clásica” (2003), aunque, impecable, la renovara. Él mismo lo afirma cuando habla de “Una suprema / inspiración primitiva, / llena de cosas modernas.” (Retratos, Darío 1905). De esta forma, como para ciertos antiguos, era indispensable “gozar de la realidad alimentados del ideal” (Darío, 2003). Dicho idealismo-realismo está denotado en Helios cuando Darío al astro exige “Que sientan las naciones / el volar de tu carro, que hallen los corazones / humanos en el brillo de tu carro, esperanza;” (Helios, Darío 1905). En cúspide de dicho binomio se halla el popular símbolo císnico, a través del cual el poeta alcanzaba a “ver lucir la esperanza para la raza solar nuestra”; hacía “elogio al pensador, augurando el triunfo de la Cruz”; y se estremecía “ante el eterno amor”. Cita, tras estas explicaciones metafóricas, la siguiente frase: “Hay plumajes que cruzan el pantano y no se manchan; mi plumaje es de ésos.” (2003). Efectivamente, en su poema intitulado Los cisnes -dedicado a Juan Ramón Jiménez-, Darío desea encarnar en el ave descrita: “Cisne, tendré tus alas blancas por un instante, / y el corazón de rosa que hay en tu dulce pecho / palpitará en el mío con su sangre constante” (1905).
No obstante, como se afirmó con anterioridad, Rubén Darío cuadra esta revolución estética a través de la recapitulación de toda la historia de la poesía de habla española. Para escribir Cantos de vida y esperanza, Darío había incursionado no sólo en el “campo de poéticas extranjeras”; sino además en los cancioneros antiguos; y en “los primitivos de la poesía española”, en los cuales encontró “riqueza de expresión y de gracia que en vano se buscarán en harto celebrados de autores de siglos más cercanos” (2003). Ya lo decía en otras palabras: “abominando la democracia funesta de los poetas [...] tendí hacia el pasado, a las antiguas mitologías y a las espléndidas historias” (2003). En Cantos de vida y esperanza hay cierto, vestigios de esta tendencia en poemas como Un soneto a Cervantes, Leda, Charitas, Pegaso, y Melancolía entre otros.
Pero más allá de una revisión de la poesía hispánica, existe en la obra de Dario una revolución métrica que marca también nueva pauta. Sus poemas parecen estar compuestos “siempre bajo el divino imperio de la música –música de las ideas, música del verbo-.”(2003). Respecto al caso específico de Cantos de vida y esperanza veamos lo que él mismo expresaba en la siguiente larga cita:
“canté, eligiendo como instrumento al hexámetro griego y latino, mi confianza y mi fe en el renacimiento de la vieja Hispania en el propio solar y del otro lado del Océano, en el coro de naciones que hacen contrapeso en la balanza sentimental a la fuerte y osada raza del Norte. Elegí el hexámetro por ser de tradición grecolatina y porque yo creo, después de haber estudiado el asunto, que en nuestro idioma, «malgré» la opinión de tantos catedráticos, hay sílabas largas y breves, y que lo que ha faltado es un análisis más hondo y musical de nuestra prosodia.” (Darío, 2003).
Tomás Navarro, en su Métrica española, explica lo anterior de manera muy simple: el hexámetro griego hace distinción entre vocales largas y breves; en la métrica castellana, se utiliza para ello la distinción entre sílabas tónicas y átonas. Cada grupo de tónica-átona-átona forma un pie métrico; seis pies métricos forman un hexámetro. Esta técnica se aprecia claramente en Salutación al optimista: “Ínclitas razas ubérrimas, sangre de Hispania fecunda, / [...] Vuelva el antiguo entusiasmo, vuelva el espíritu ardiente” (1905). Navarro también afirma que el hallazgo de Darío consistió en liberar, a través del encabalgamiento, el verso Alejandrino de su estricta correspondencia entre “la estructura sintáctica del verso y su división métrica en dos hemistiquios” (420).
La trascendencia de Rubén Darío sobrepasa, sin embargo, aquellos redescubrimientos estéticos y de métrica que se han mencionado anteriormente. Decía Juan Ramón Jiménez, “Rubén Darío era mi sol, era el sol de Nicaragua y de muchos muchachos y países mas. Y aquel sol fue de aurora para los españoles, y esa aurora venía, nadie lo duda, fuera por donde fuera, de la América de nuestra lengua” (168). Según Pacheco, el movimiento que encabezó “significa la incorporación de América a la literatura universal, el logro de su independencia literaria” (Pacheco XV). Continuando con el último poema citado habrán de resonar un par de frases que resumen lo anterior: “Sangre de Hispania fecunda, sólidas, ínclitas razas, / muestren los dones pretéritos que fueron antaño su triunfo.” (Darío 1905)
Por todo lo que se ha venido mencionando, se descubre que a autor que buscó siempre la autenticidad y la sinceridad de su acción y palabra. “De desnuda que está, brilla la estrella” dijo éste poeta al inicio de sus Cantos de vida y esperanza. Él mismo nos deja, en los últimos versos de aquella colección poética, el sabor de lo fatal:
“Dichoso el árbol que es apenas sensitivo,
y más la piedra dura porque ésa ya no siente,
pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo,
ni mayor pesadumbre que la vida consciente.”
Lo fatal, Rubén Darío, 1905.
Obras consultadas
BROWN, G.G., Historia de la literatura española: el siglo XX, Colección Letras e ideas, Trad. Carlos Pujol, Editorial Ariel: Barcelona, 1974.
DARIO, Rubén, (1905), Cantos de vida y esperanza, Edición digital basada en la de Madrid, Tipografía de la Revista Archivos, Bibliotecas y Museos, 1905. http://www.cervantesvirtual.com[1] Fecha de acceso: 1ero de mayo de 2009.
DARIO, Rubén, El modernismo y otros texto críticos, Edición Digital: Alicante: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2003. http://www.cervantesvirtual.com Fecha de acceso: 1ero de mayo de 2009.
JIMÉNEZ, Juan Ramón, Prosas críticas, Taurus: Madrid, 1981.
NAVARRO Tomás, Métrica española, Barcelona: Labor, 1995.
PACHECO, José Emilio, Introducción de Antología del Modernismo 1884-1921, Tomos I y II en un volumen, Biblioteca del Estudiante Universitario, 3era edición, Ediciones Era: México, 1999.
[1] Algunas obras fueron consultadas vía Internet (de fuentes fiables) debido a los días de guarda declarado por el Gobierno del Distrito Federal en pro de la Emergencia Sanitaria en fechas recientes.
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