es de un tamano nimio. Los diseniadores de barcos no piensan en el amor de los marineros, o al menos creen que el misionero es a donde mas lejos les permite ir su imaginario sexual. Se equivocan senores astilleros, a los marinos nos faltan camas mas amplias de algunos centimetros, y techos mas altos, y tal vez un lugarcito para una comoda o una silla, asi para la variedad. Si supiesen lo que es pasar dias en altamar, sin tocar tierra ni mujer, entenderian que cualquier marino es un kamasutra potencial. Es cierto que en tiempos calmos, de puerto, de no patrones, podemos aprovechar un poco mas del confort: los formidables sillones en cuero del salon, las brillantes y lisas superficies en maderas exotiquisimas, las escaleras con pasamanos, el puesto de conduccion, la cocina, las cabinas de pasajeros, la antena del satelite, inclusive el cuarto de maquinas, entre otros; pero esto sucede con la frecuencia del Halley, y los hombres mar tenemos paciencia de estrella fugaz.
Tan poca la paciencia que los amores son asi tambien fugaces, por ejemplo, el de mi companero Marco y su mujer casada (no con él) Maria Mirabela. Entiendo su pasion loca por unos ojos cargados de misterio y de sed de vida, y al mismo tiempo de azul grisaceo, un par de lunares e infantilismo de matrimonio precoz. Son la debilidad de Marco, las mujeres casadas, la pesca, la navegacion nocturna...
Nacio no lejos de las Bocas de Bonifacio, al norte de Sardegna, en la isla de la Madalena, region donde los vientos latigo golpean constantemente a la mar y sus corceles. Son de ahi los hombres mas feroces que he visto, los que silenciosos rompen la mar con proas revestidas de colores calidos. El mar y el viento les anuncian el buen momento para la caza. "El oceano dibuja borregos, son las barbas de poseidon, los atunes no han de estar lejos", afirman con voces cantadas, con gestos de manos y hombros, y parten para recuperar las inmensas bestias
de carnes rojas.
24 de agosto de 2008
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