Malcolm X escapó tras recibirse doctor en una universidad famosa en el Reino Unido. Dejó atrás una oferta de investigador interesante y bien pagada. La causa va por el amor, o bueno, más bien por el desamor con desuso de vías al derecho sagrado de la vida, diría Ajar. Entonces se subió en un avión que lo transportó hasta el Perú, luego se compró una moto y se fue más allá de la Tierra de Fuego, siempre con desuso de vías urinarias y tristeza por desamor. También sin investigación interesante y bien pagada y sin Reino Unido. Una vez allá, en un poblado que existe para quienes lo conocen, pues el nombre no figura ni siquiera en Google, sobre todo cuando no se conoce con exactitud; decía, una vez allá, lejos del mundo demográfico y latente en diccionarios y enciclopedias, encuentra en una calle con o sin faros, con o sin motocicletas, a la mujer por la cual había escapado, y dicho en lenguaje literario, por la cual había llegado hasta ahí, y entonces se recobra el sentido del encuentro azaroso por vías literarias. Pero se la encuentra acompañada con otra vía urinaria con derecho sagrado a la vida, y la perplejidad lo sombra y le hace palidecer seguramente.
Que romántico y que jodido, pienso. Yo en cambio, cada vez que visito un sitio pornográfico en la web, pienso mientras espero que el ancho de banda logre abrir la foto en pantalla completa, que aparecerá ella, no la de Tierra de Fuego, sino la de París, la misteriosa, la llena de secretos, la de vidas múltiples, mi causa de escape con tristeza y desuso de vías urinarias, y que la casualidad desnuda y promovida en google me exitará hasta el delirio, y luego me hará llorar y pensar que ya todo es posible. Pero hasta hoy he tenido suficiente suerte.
9 de marzo de 2008
Casualidad con daño filosófico y casualidad pornográfica
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